Las reuniones familiares latinas son una mezcla perfecta de comida abundante, música a todo volumen y preguntas incómodas. Para que llegues preparado, aquí va una pequeña guía de supervivencia.
Lo primero es saludar a todos, uno por uno, aunque haya treinta personas en la sala. Saltarse a la tía abuela puede tener consecuencias que se recordarán durante años.
Después vendrá la ronda de preguntas clásicas: ¿y el novio?, ¿y el trabajo?, ¿por qué estás tan flaco o tan gordito? La mejor estrategia es sonreír, responder con calma y cambiar el tema hacia la comida.
Hablando de comida, nunca digas que ya estás lleno, porque eso solo significa que te servirán otro plato. Además, prepárate para salir con varias porciones envueltas en papel aluminio, quieras o no.
En algún momento sonará esa canción que hace bailar a todos, desde los primos pequeños hasta el abuelo. Resistirse es inútil, así que lo mejor es unirse a la pista con entusiasmo.
Y cuando creas que la fiesta terminó, llegará la despedida, que puede durar más que la reunión misma. Pero, aunque cansen, estos encuentros son el recuerdo más cálido que tenemos.